La columna de Àlex

Empujones entre lagos y títulos de plata

La Fórmula 1 ya no tiene títulos por decidir

Imágenes: Interlagos, Ferrari, Daimler

El circuito de Interlagos siempre se guarda algunas sorpresas en su particular reserva. Cada año parece ser capaz de sorprender al Gran Circo de la Fórmula 1 de una forma o de otra. Este año, una vez más, ¡menudo Gran Premio de Brasil el que se vivió en el circuito paulista! Entre empujones, golpes inesperados y títulos conseguidos, fue una de las mejores carreras del año e hizo que la sentencia del título se sintiera menos como una inevitabilidad y más como algo que simplemente podía o no haber ocurrido. Ahora, ¡una más!

¡Choca esos cinco!

El esperado destino del campeonato de constructores se confirmó el pasado fin de semana en Interlagos. La victoria de Lewis Hamilton y el quinto puesto de Valtteri Bottas junto con la ausencia de Ferrari por delante suyo fueron suficientes elementos para que la ventaja de las flechas de plata fuera demasiado grande para ser recortada en Abu Dhabi. Por quinta vez consecutiva, Mercedes firma el doblete con los títulos de pilotos y constructores. De hecho, esto significa que los de Brackley igualan la racha de cinco dobletes de Ferrari entre los años 2000 y 2004. A todo esto, es justo recordar que los de Maranello también lograron el campeonato de constructores en 1999…

Pero la realidad es que si Mercedes logra un título en doce meses, igualarán la mejor racha de la historia mientras que si se llevan los dos, la superarán. Objetivo grande a la par que tentador. Lewis Hamilton, por su parte, logró su victoria número 72 en la Fórmula 1 (su número 51 con Mercedes y su número 50 en los cinco años de la era turbo), situándose a menos de 20 del récord histórico de Michael Schumacher. Con ‘solo’ 33 años y la opción de seguir pilotando varias temporadas, en el mejor momento de su carrera deportiva y con un equipo Mercedes que no debería caer demasiado de rendimiento sin grandes cambios en el horizonte, que iguale al Kaiser no parece una quimera.

De hecho, teniendo en cuenta su media de 10 victorias por temporada desde la llegada de los motores turbo en 2014, el momento de superar a Schumacher llegaría a finales de 2020. Para eso, sería necesario que los W10 y W11 fueran igual de competitivos que los dos últimos monoplazas fabricados en la sede del equipo angloalemán. Pero incluso si Ferrari y Red Bull se ponen las pilas lo suficiente como para reducir los éxitos de Mercedes, no es nada descartable que en un espacio de tres o cuatro años a lo sumo Lewis Hamilton pudiera estar en los números de Michael Schumacher. Por lo menos, parece claro que salvo desastre, llegará a por lo menos a unas 85 victorias…

Sobre el Gran Premio de Brasil, es difícil de analizar con total precisión pero la primera impresión es la de que incluso cometiendo un error, Mercedes salvó los muebles de la mejor forma posible. El error habría sido el mismo que todos los demás equipos: pensar que los neumáticos superblandos eran una mala opción para empezar la carrera. Y al final resultó que empezar con ellos daba una mejor posición en pista que luego no se neutralizaba con las vueltas de más de los blandos (que montó Ferrari en un principio). El caso Red Bull es distinto, pues su menor degradación permitió una estrategia distinta y mucho más eficiente, pero en Mercedes lograron rentabilizar (con Hamilton, claro) una situación que el sábado parecía complicada.

Esteban Ocon y Max Verstappen, dura lección ¿aprendida?

De hecho, Toto Wolff reconocía el sábado que no se veían ganando con autoridad y que los Ferrari tenían que ser favoritos. Nada más lejos de la realidad, los rivales de Mercedes vinieron de Milton Keynes. Los Red Bull fueron los auténticos animadores de la carrera con una menor degradación que les permitió usar los superblandos más tiempo que el que Ferrari empleó los blandos. De esta forma, el segundo «stint» pudo completarse con neumáticos blandos. Esencialmente, tuvieron neumáticos un grado más blando que Ferrari toda la carrera y que Mercedes en un 60% aproximadamente. Gran estrategia gracias a las características de su coche.

De hecho, Red Bull debería haber ganado la carrera. Más allá del fanatismo de ciertos entornos alrededor de Max Verstappen (lo hay, incluso entre quienes critican esas mismas actitudes con Fernando Alonso), la realidad es que el holandés estuvo impecable en la pista. Rápido, eficiente, ágil en los adelantamientos y con el hambre de los campeones. Pero cuando ya había hecho lo difícil, se encontró con lo inesperado, con un recordatorio que en la Fórmula 1 nunca hay que dar nada por hecho, nunca hay que relajarse y hay que esperar el «golpe» (nunca mejor dicho) por cualquier sitio. A fin de cuentas, ¿quien esperaría que Esteban Ocon buscara desdoblarse y en un intento salvaje por hacerlo acabara estampándose en su lateral?

Puede que alguien lo esperara, pero desde luego Verstappen no.  La crítica que se puede realizar al piloto de Red Bull, que acabó la carrera segundo con un coche con daños visibles en el fondo plano, es que a pesar de potencialmente ver como Ocon desaparecía de su retrovisor derecho en una frenada en la que intentar iniciar el adelantamiento por el exterior es normal, no quiso ceder posición en base a creer que el puesto era suyo por derecho. Y lo era, claro. Pero por mucho que la FIA le diera la razón al sancionar al francés con un «Stop & Go», ¿le devuelve eso la (merecida) victoria?

Lewis Hamilton acertó con su comentario hacia Verstappen, aunque probablemente viniera motivado por la «defensa» de un piloto apoyado por Mercedes. Verstappen tenía todo que perder; Ocon no tenía nada. Habría sido más fácil abrir la puerta y dejar que se fuera… porque total, se habría escapado dos o tres vueltas y luego habría acabado por detrás de todas formas. Pero el ego de los pilotos es algo difícil de gestionar. El mismo ego que llevó a Verstappen a mostrar su enfado de forma excesivamente fogosa por la radio tras terminar la carrera. El mismo que le hizo encararse a Ocon y darle un par de enfadados empujones.

Imagen fea, la de un piloto que tenía toda la razón del mundo de estar enfadado y molesto pero que con una acción poco popular perdió el apoyo de muchos. ¿Es criticable que hiciera lo que hizo? Hasta cierto punto, solo. Su reacción es humana, entendible y sobre todo, normal para alguien que viene de bajarse de un coche tras una hora y media con el corazón a más de 150 latidos por minuto y con la correspondente descarga constante de adrenalina. Pero también es cierto que tiene 80 Grandes Premios disputados y no es ningún novato, ya sabe de qué va todo esto. Sabe también que la imagen fuera de pista importa y que hay que cuidarla.

No lo hizo y ese fue su error, que le conllevará dos días de servicio comunitario impuestos por la FIA. Si Christian Horner decía que Esteban Ocon había tenido suelte de irse de rositas con solo un par de empujones, servidor dice que Max Verstappen ha tenido suerte de irse de rositas con solo un par de días de trabajo con la FIA. No hay duda de que Ocon habrá aprendido la lección. Esto es lo que pasa cuando te metes con según qué pilotos, por una parte. Y esto es lo que sucede cuando cometes un error garrafal… que es difícil que repita. ¿Y Max? Si es inteligente, escuchará las palabras del campeón de 2018. Para ganar, no se puede ser solo el más rápido; hay que ser también el más listo. Y Lewis Hamilton ha sabido madurar cuando su equipo le ha arropado lo suficiente y le ha dado un coche del que no tiene que preocuparse.

Los problemas de Sebastian Vettel y la consistencia de Kimi Räikkönen

Tras terminar el Gran Premio de Brasil, Ferrari hizo público que el SF71-H de Sebastian Vettel había sufrido un problema en un sensor que hizo que este fuera inconducible. Una exageración o una mera forma de enfatizar una situación complicada para un piloto que en ningún momento pareció cómodo el domingo. El alemán ganó aquí en 2017 y por lo tanto se sabe que es un circuito en el que puede ir bien, pero este año no fue el caso, a pesar del buen rendimiento el sábado (lo ocurrido con la báscula es casi asunto para otro día, aunque si él no reaccionó bien, el primer error fue de la FIA). Pero los problemas de Vettel permitieron que Räikkönen demostrara en qué sentido ha hecho las cosas bien en 2018.

En prácticamente ningún momento se ha visto a un Räikkönen superior a Vettel a lo largo de la presente temporada. Pero al contrario de lo que muchos parecen ver con el finlandés, la realidad es que su temporada ha sido sólida, si bien también no ha sido espectacular. Con su duodécimo podio del año el pasado fin de semana, el campeón del mundo de 2007 iguala su máximo número de carreras entre los tres primeros en  un año, además de ponerse las cosas de cara para acabar el año tercero, por delante de Bottas y Verstappen. Ni tan mal, viendo la diferencia entre Hamilton y Vettel. Digamos que en cuanto a segundos pilotos y en cuanto al duelo de los finlandeses, Räikkönen sale ganando.

En Abu Dhabi, el futuro hombre de Sauber tendrá la oportunidad de despedirse del «equipo de su vida»; quienes le dieron la oportunidad de ser campeón en 2007 y quienes le «rescataron» de una situación en la que parecía no tener otra salida tras el lío con Lotus en 2013. El próximo año estará con Alfa Romeo Sauber y aunque la realidad es que se trata de un círculo cerrado al volver a su primer equipo en la Fórmula 1, paga Ferrari por tenerle en el que se convertirá en su «de facto» equipo B al lado de Antonio Giovinazzi. De hecho, ya en las pruebas del Yas Marina tras la última carrera del año se estrenará con su nuevo equipo, cambiándose el sitio con Charles Leclerc. En dos semanas acaba el 2018. En dos semanas y un día comienza el 2019.

Àlex Garcia
autorÀlex Garcia
Columnista
Apasionado por el mundo del motorsport de toda la vida y experto en automovilismo japonés entre otras cosas. El hombre de las mil posiciones; ya sea en formato digital, impreso o televisión. Buscando comprender el pasado para afrontar el futuro.

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